La hambruna, los misiles, la muerte y las tiendas de campaña en las que sobreviven cientos de miles de personas cobran vida a través de las pinceladas de Sarah Fadl Saadeh, una joven gazatí de apenas 15 años que desde hace dos años ha convertido el arte en una forma de resistencia. Desplazada de un punto a otro de la Franja de Gaza, la adolescente ha logrado narrar en primera persona el dolor cotidiano de su pueblo mediante decenas de dibujos y lienzos creados en medio de la guerra.
Desde la tienda donde vive actualmente, instalada en la azotea de un edificio en la ciudad de Gaza, Sarah explica a EFE por qué decidió retratar el conflicto. “Todos mis dibujos están inspirados en la realidad, en las escenas que vivía durante la guerra. Representan la destrucción, la hambruna y el desplazamiento que yo y la gente de Gaza experimentamos”, relata. Sus obras, de colores vivos y trazo aparentemente ingenuo, recuerdan a un estilo naif que contrasta con la crudeza de las escenas que retrata.
La joven confiesa que comenzó a dibujar cuando la vida cotidiana se detuvo por completo. “Sentía que era un tiempo perdido, sin escuela ni nada que me permitiera seguir con mi vida con normalidad. Quería aprovechar ese tiempo para transmitir mi mensaje al mundo y hacer oír mi voz”, afirma. En sus lienzos y carboncillos aparecen imágenes ya conocidas a través del fotoperiodismo, pero reinterpretadas desde la mirada íntima de quien las vive.
Uno de sus cuadros muestra tiendas inundadas por las lluvias; otro, un misil cayendo sobre un caldero de comida; un tercero, un hombre muerto junto a una caja de ayuda humanitaria; y otro más, una mujer mutilada cargando un saco de alimentos. Antes de la ofensiva israelí, Sarah vivía con su familia en Beit Lahia, al noreste de Gaza, una zona hoy devastada. Como la mayoría de los habitantes, sigue desplazada y sin poder regresar a su hogar, ubicado en un área bajo control israelí.
Los momentos más duros, recuerda, llegaron con la hambruna provocada por el bloqueo a la entrada de alimentos. “No había ni ánimo para dibujar, con los bombardeos y el hambre”, dice. Aun así, logró crear sus obras utilizando carbones de la leña que su familia quema para cocinar, ante la falta de gas desde hace dos años.
Para Sarah, el arte se convirtió también en una forma de terapia. Decora incluso la lona de su tienda, donde conviven imágenes de barcos humanitarios, figuras navideñas y fechas futuras cargadas de tristeza. Su obra favorita es el retrato de la relatora de la ONU Francesca Albanese, a quien admira por alzar la voz por Gaza. “Dibujé con todo mi corazón, con todo el sufrimiento que viví”, concluye. Su sueño es que en 2026 la vida vuelva a la normalidad y que sus cuadros crucen fronteras para contar al mundo lo que ella ha visto.
jl/I










