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Vivir, la osadía de las jóvenes

Hay víctimas que provocan un mayor impacto que otras. No es que sea más grave que se haya cometido un delito en su contra, sino que nos hacen pensar que pudo ocurrirle a cualquiera. Este es el caso del feminicidio de Karla Pérez.

Karla hizo lo que miles de adolescentes y jóvenes hacen todos los días para llegar o salir de la escuela: encontrar una forma de trasladarse. Esa acción tan simple le costó la vida. De esta forma, es indispensable pensar en nuestras jóvenes, que todos los días salen de casa a la escuela, a trabajar o a realizar cualquier actividad recreativa.

Según los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el informe sobre violencia de género, de enero a julio de este año en Jalisco se han cometido 15 feminicidios, con lo que el estado se ubica en el noveno lugar en el país. Estos asesinatos de mujeres representan 3.9 por ciento del total nacional, que en ese mismo periodo es de 380 feminicidios.

Pero para tener una mayor claridad, también tenemos que hablar de homicidios dolosos, porque ya sabemos que las autoridades se resisten a investigar todos los asesinatos de mujeres bajo el protocolo de feminicidio.

De enero a julio en México habían asesinado a 870 mujeres, de las que 42 corresponden a Jalisco, lo cual representa 4.8 por ciento. En este delito, la entidad ocupa el décimo lugar.

Pero esos son los datos duros. Esos que escuchamos en los cortes de información que dan las autoridades y que nos hacen acostumbrarnos a convivir con la violencia. 

Detrás de esos números están las historias, como la de Karla, quien vino a Guadalajara para estudiar medicina en la Universidad Cuauhtémoc, la cual, por cierto, según denunció ayer una madre de familia, se negó a suspender la fiesta organizada por el Día de la Independencia, con el argumento de que “la vida sigue”, a pesar de que ya sabían del feminicidio.

Karla utilizó un sistema de transporte de plataforma el 14 de septiembre porque, como han confirmado estudiantes del Centro Universitario de Ciencias Biológico y Agropecuarias de la Universidad de Guadalajara y de otros planteles en la zona de El Bajío, no hay transporte público regular y a muchas de las escuelas ni siquiera hay rutas que lleguen.

Su cuerpo fue hallado dos días después. Las investigaciones apuntan al conductor de la motocicleta de transporte de plataforma, quien ya fue detenido.

El feminicidio ha provocado una serie de protestas por parte de compañeros de Karla y padres de familia, pero también de otras escuelas. La inseguridad y la violencia que vive la Zona Metropolitana de Guadalajara le niegan a los jóvenes hasta los derechos más elementales: acudir a la escuela, salir con sus amigos, usar el espacio público, usar el transporte público, poseer un teléfono celular, un medio de transporte o hasta unos tenis de su marca preferida. Esos detalles de vida cotidiana pueden convertirse en cualquier momento en una osadía. Y esa osadía puede tener consecuencias terribles.

soniassi@gmail.com

jl/I

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